miércoles, 30 de mayo de 2012

Religión y Política: Desmontando tópicos


En el mundo occidental tenemos la maravillosa costumbre de creernos siempre por encima de los demás. Somos los más demócratas, los más desarrollados, la civilización más avanzada… y todo lo que esté fuera de ahí son dictaduras, fundamentalismos religiosos, populismos, o directamente salvajes indígenas o gente rara. Tenemos la verdad absoluta. Siempre.  


Recientemente ha suscitado polémica el acuerdo suscrito con la Santa Sede en 1979, que exime a la Iglesia católica de pagar el Impuesto de Bienes Inmuebles por la mayoría de sus propiedades. Acuerdo por cierto, que ni el conservador PP ni el progresista PSOE han tenido nunca interés en revisar a lo largo de todos estos años. Es sólo un ejemplo más del poder que tiene la Iglesia Católica en nuestro país, que recibe al año 10 millones de las arcas públicas, 200 euros por habitante, sea o no creyente.  Lo que quiero resaltar en este caso sin embargo, es a donde va dirigido ese dinero. Europa Laica denuncia cómo tanto la jerarquía de la Iglesia como las organizaciones católicas financiadas a través de los fines sociales, "dedican sus recursos a sufragar costosas campañas para promover la represión sexual, la discriminación por razón de género u orientación sexual, contra la libertad de la mujer, contra los avances científicos o contra la eutanasia y la muerte digna".

Sin embargo, hoy no quiero hablar de la Iglesia Católica, hoy quiero hablar del Islam. 
Una vez estudiadas las características principales intrínsecas a la religión islámica quiero refutar las tesis estigmatizadoras de buena parte del mundo occidental que rechazan desde una posición etnocéntrica y hasta xenófoba el Islam como religión reñida intrínsecamente con la democracia, la igualdad de género y la paz mundial.

En primer lugar destacar que cualquier religión que no se reduzca al ámbito privado sino que sea impuesta de forma pública por el poder estatal estará reñida con la democracia, ya sea el Islam, el cristianismo o el Budismo. La religión es y debe ser una elección privada y personal, un Estado si pretende ser respetuoso y plural no debe reconocerse en ninguna de las religiones ni financiar de ninguna forma alguna de ellas. La separación religión/Estado es básica para la democracia.

Partiendo de esta base podemos criticar la imbricación derecho/religión que supone la charia o ley islámica, pero no por ello el Islam en sí mismo, sabiendo distinguir Islam: “religión monoteísta basada en el Corán que tiene como Dios a Alá y como profeta a Mahoma”; y el islamismo: intento de adaptar la vida política al Islam. De la misma manera que podemos criticar la imbricación que el cristianismo ha tenido con el Estado a lo largo de los años en la mayoría de los países occidentales.

En lo que a la mujer se refiere el Islam, como el cristianismo, es profundamente machista y discriminatorio. La religión en cuanto dogma que establece normas morales para la conducta individual y social supone fomentar una serie de prácticas y valores que atentan directamente contra los derechos de la mujer. Sorprendería en occidente leer algunas frases de la Biblia que seguramente nos parecerían más sacadas del Corán. Lo que pretendo poner de manifiesto es que ambas religiones en sí mismas, en sus postulados, son profundamente machistas. Lo que las va a diferenciar es el fundamentalismo o la rigurosidad con que se apliquen estas doctrinas.

En la relación Islam/violencia tenemos que saber distinguir entre el Islam que entiende la yihad como un esfuerzo personal en el camino o la senda de Alá; y aquel que lo entiende como la guerra santa contra los enemigos del islam. Si bien esta guerra santa ya no se lleva a cabo como lo que fue la inquisición en Europa, sino que surgen grupos terroristas fundamentalistas islámicos que tratan mediante la fuerza y la violencia de “defender el Islam y atacar a sus enemigos”.
Este tema, que a los occidentales nos ha tocado de cerca con los atentados en 2001 y 2004 en EEUU y en España, entre otros; nos debe hacer reflexionar para entender esto de forma que no suponga un aumento de la xenofobia y del rechazo hacia lo musulmán. Una lacra que se está produciendo por falta de información y como consecuencia de la actuación de políticos, escritores, periodistas o medios de comunicación irresponsables o directamente xenófobos.

En primer lugar debemos ser conscientes de que estos atentados no son fruto de un fundamentalismo religioso sin más, la religión si es uno de los principales factores pero no el único, y debemos ser conscientes de la grave responsabilidad que tiene en ello occidente con Estados Unidos a la cabeza. La política exterior norteamericana en Oriente Próximo y en Asia ha sido de agresión continuada hacia el mundo árabe, desde el respaldo a Israel en el conflicto Palestino-Israelí, hasta las invasiones armadas de diversos países como fue el caso del genocidio que supuso la guerra de Irak, entre otras.


Así, la conclusión definitiva debería ser que si bien es cierto que existe una forma de entender el Islam, que propicia la violencia, como núcleo de la creencia religiosa; en primer lugar es solo una interpretación minoritaria y fundamentalista, y en segundo esto se ve reforzado por los ataques, la injerencia, y la pretensión de adaptación a los valores liberales occidentales propugnada por Norteamérica y la Unión Europea. La solución pasaría en mi opinión por una política de no injerencia en los asuntos internos de cada país, (mucho menos una injerencia de tipo armado) y un fomento de la diversidad cultural y el respeto a lo diferente, un freno a la globalización, poner en valor otras formas de entender el mundo y la sociedad; un respeto profundo en definitiva, por la diversidad.



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