viernes, 8 de junio de 2012

Democracia ¿Donde?



En los últimos tiempos, y debido en gran parte a la irrupción del movimiento 15M en la política española, ha resurgido el debate sobre la democracia. Qué entendemos por democracia, cómo queremos construirla, o qué tipos de mecanismos de participación se nos ocurren son algunos de los muchos temas que hay sobre la mesa.

Una interpretación errónea del 15M, como la del filósofo y ensayista Daniel Innerarity, nos lleva a una supuesta confrontación entre democracia directa y democracia representativa; cuando en mi opinión la gran reivindicación del 15M y de otros movimientos y actores políticos y sociales es una conjugación de ambas que se plasmaría en lo que denominamos democracia participativa. El 15M y las voces críticas en general no están pidiendo una supresión de la representación, lo que están pidiendo es una profundización democrática que permita en primer lugar que esa representación sea real, que la clase política tenga que rendir cuentas y ser consecuente con sus programas y sus promesas. Y en segundo lugar que la democracia no se base exclusivamente en la representación sino también en la participación directa, lo que no quiere decir un referéndum continuo e inmediato sobre diferentes temas como se acusa, sino la articulación de diferentes espacios de participación, ya sean asociaciones de cualquier tipo, consejos de la mujer, de la juventud, participando en las decisiones que se toman en tu centro de trabajo, de estudio, etc., etc. Y sí, en determinadas cuestiones fundamentales como la reforma de la constitución porqué no, referéndum vinculante.


Innerarity contrapone en todo momento representación con lo que el denomina populismo y otros llamamos participación ciudadana. Al contrario que este autor, considero, que la participación a priori si fortalece la democracia, luego habrá que concretar por supuesto cómo y para qué se articula esta participación. En cualquier caso, esta reticencia a la participación no puede responder más que a la defensa de unos intereses determinados que se encuentran en confrontación con los de la ciudadanía, pueblo o como queramos llamarlo, o a un miedo injustificado a las decisiones que este tome.


No comparto en absoluto la opinión de aquellos que desconfían del 15M o de otros movimientos organizados de contestación ciudadana, acusándoles de ser “una panda de locos que atacan la democracia representativa”. Esta forma de verlo responde a una visión totalmente liberal y minimalista de la democracia que no es capaz de asumir que los y las que verdaderamente creemos en ella no nos valen los parámetros liberales ni votar cada 4 años. Lo que es realista o no, en mi opinión, lo hacemos y lo decidimos entre todos, quien no cree realmente que otra democracia es posible es o por un conformismo extremo, o, lo más probable, porque realmente defiende los intereses de esa clase dominante, quien construyó esta democracia y quien la defiende, porque es la única que les interesa.                         

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