lunes, 19 de mayo de 2014

Era como si el brillo del éxito le hubiese impregnado antes de tiempo cada centímetro de su cuerpo...

Luces, cámara, acción... Así era Nora, rápida, resolutiva, atrevida, lo suficiente como para colarse en un camerino que no es el suyo sólo para ver aparecer a su adorada estrella.
Todo comenzó la noche en que Eva recogía su premio, Nora estuvo espiando, como un ratoncillo escondido entre las cortinas, toda la ceremonia. Sólo con ver a Eva pasar se le ponían los pelos de punta, la admiraba tanto. Nora tenía la peculiaridad de conseguir siempre todo lo que se proponía, era tenaz y perseverante y nunca hubo nada ni nadie que pudieran pararla o interponerse en su camino. Aún recuerdo como llegó a ser presidenta del club femenino Erasmo Hall, hacía meses que estabamos todas preparando las candidaturas, y ella llegó más tarde, al parecer acababa de mudarse con su familia a Nueva York. Parecía una chica de campo aterrizada en la ciudad por casualidad, como desorientada. Me causó ternura desde el principio, yo siempre había sido muy defensora de las causas perdidas, y me conquistó con su sonrisa y aparente humildad desde el primer momento. Enseguida nos hicimos amigas y una tarde me confesó sus deseos de ser la próxima presidenta del club. Yo le dije que no sería nada fácil, pues había otras candidatas que durante meses habían hecho méritos y tenían asegurado el apoyo tanto de las chicas como de buena parte del jurado, que era quien determinaba en última instancia quien sería la presidenta.
Desde ese mismo momento Nora comenzó a trabajar sin descanso por el club, estaba entregada. Todas las mañanas llegaba la primera a pesar de las dos horas de tren que tenía que recorrerse desde la pequeña casa donde vivía con su familia en las afueras de Brooklyn, y no se iba hasta que estaba recogida hasta la última silla. Su dedicación era incesante. Consiguió en pocos meses tener el club más ordenado que nunca.
A mi me provocaba tristeza y compasión, pues aunque no me atrevía a decírselo en mi foro interno pensaba que todo su trabajo iba a ser en balde, sin duda había ya una candidata preferida, tan segura de sus apoyos, que no le importaba lo que Nora hiciera o dejara de hacer.
Una mañana se presentó en el club Charles Foster, crítico comentarista y uno de los miembros más influyentes del jurado, y también el más temido, pues cuando no le gustaba alguien sus críticas eran tan despiadadas que podía hundir para siempre tu carrera política o de cualquier otro tipo. Sorprendió a Nora bailando, distraída, y esta supo aprovechar brillantemente la ocasión.

- Señor Foster, disculpeme no sabía que tendría el honor de verle esta mañana, de haberlo sabido...
- No se preocupe, siga, es un placer verla ensayar.
- Bailaría para usted durante horas si usted me lo pidiera, pero, es una pena, las otras candidatas no nos dejan ensayar a las nuevas; ya sabe, aquí se valora más la antigüedad que el trabajo o el talento.
- Le aseguro que la antigüedad para mi es algo absolutamente irrelevante, me irritan especialmente las que consiguen sus cargos por vía, familiar, digamos.
- Señor Foster, figúrese, mi familia son pobres, campesinos, nunca conseguiré nada aquí, debería volverme a casa y trabajar en el campo.
- No diga tonterías y confíe en si misma. Le daré un consejo, Nora, nada es para siempre, lo único que de verdad nos pertenece son nuestras ilusiones, y nuestra ambición, y eso es lo que nos mueve, recuerdalo siempre.


Y Nora siguió su consejo, vaya que si lo hizo. Desde aquel primer encuentro volvió a verse muchas veces más con Foster. Al principio no quería contármelo, pues temía que yo pudiera decírselo a alguna de las otras chicas, y confieso que en alguna ocasión pensé en hacerlo. No me parecía justo que las demás no lo supieran, pero algo me dijo en mi interior que me convendría seguir siendo su amiga, después de todo nunca me había gustado meterme en lios, y desconocía hasta que punto Nora estaba tergiversando la realidad para ser apoyada por Charles Foster.

La noche de las elecciones Nora estaba guapísima, radiante, sus ojos brillaban de una forma especial. Era como si el brillo del éxito le hubiese impregnado antes de tiempo cada centímetro de su cuerpo. Todas nos preguntábamos como habría conseguido pagar aquel vestido de fiesta, totalmente fuera de su alcance; meses después nos enteraríamos de que había sido un regalo de Foster, como agradecimiento por los "servicios prestados".


Nora consiguió ser la presidenta, repentinamente todos los miembros del jurado parecían estar de acuerdo, y las otras chicas estaban desoladas. No fue necesario ni esperar a las votaciones. Así consiguió ser la presidenta, y así comienza nuestra historia, la noche en que se coló en el camerino de la estrella de cine Eva Parker a la que todas adorábamos. 


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